OBESIDAD Y LA DIABETES
Obesidad
Se han recolectado datos que sugieren que el ejercicio podría incrementar la pérdida de peso y
en particular el mantenimiento del peso cuando se usa junto con un adecuado plan de alimentación en
el que se controla el consumo calórico. Existen pocos estudios específicos que investiguen este tema en
pacientes con diabetes de Tipo 2 y mucha de la información disponible es complicada debido al uso de
dietas poco normales y otras intervenciones del comportamiento. Los estudios de particular interés son
aquellos en los que se sugiere un efecto desproporcionado del ejercicio en la pérdida de grasa intraabdominal, cuya presencia ha sido asociada muy de cerca con anormalidades metabólicas. Los datos
acerca de la efectividad de los ejercicios contra resistencia en la reducción del peso son promisorios,
pero en particular hacen falta estudios en pacientes con diabetes de Tipo 2.
Prevención de la Diabetes de Tipo 2
Se ha acumulado una gran evidencia que apoya la hipótesis de que el ejercicio, entre otras
terapias, puede ser útil en la prevención o en retardar la aparición de la diabetes de Tipo 2.
Actualmente, se lleva a cabo un gran estudio aleatorizado prospectivo del Instituto Nacional de Salud
de los Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) para clarificar la factibilidad de este enfoque.
EL EJERCICIO Y LA DIABETES DE TIPO 1
Los pacientes con diabetes de Tipo 1 que no presentan complicaciones y con un adecuado
control de los niveles de glucosa sanguínea (ver sección anterior) pueden realizar todos los niveles de
ejercicio, incluyendo actividades de ocio, deportes recreativos y actividades competitivas profesionales.
La capacidad para ajustar el régimen terapéutico (insulina y dieta) para permitir una segura
participación y un alto rendimiento, se ha reconocido recientemente como una estrategia importante de
manejo en estos individuos.. En particular, se acepta completamente el papel que juega el paciente en
recolectar sus propios datos de los niveles de glucosa sanguínea en respuesta al ejercicio para
posteriormente utilizar esta información para mejorar su rendimiento y seguridad.
Se puede evitar la hipoglicemia, la cual puede aparecer durante, inmediatamente después, o
muchas horas luego de finalizado el ejercicio. Esto necesita que el paciente tenga un adecuado
conocimiento de las respuestas metabólicas y hormonales del ejercicio y una buen manejo de las
destrezas de cuidado personal. El incremento en la utilización de la terapia intensiva de insulina ha
proporcionado a los pacientes flexibilidad para realizar ajustes apropiados de la dosis de insulina para
varias actividades. Ya no es apropiada la recomendación rígida del uso de suplementación con
carbohidratos calculada de la intensidad y duración planeada del ejercicio, sin considerar el nivel de
glicemia al inicio del ejercicio, o las respuestas metabólicas previas medidas en respuesta al ejercicio,
ni la terapia de insulina del paciente. Un enfoque como ese frecuentemente logra neutralizar los efectos
benéficos del ejercicio en la reducción de la glicemia en los pacientes con diabetes de Tipo 1.
Las guías generales que contribuyen en la regulación de la respuesta glicemica al ejercicio
pueden resumirse como se indica a continuación:
1. Control metabólico antes del ejercicio
• Evitar ejercicios si la glucosa sanguínea en ayunas es > 250 mg/dl y hay cetosis presente, o
si los niveles de glucosa son > 300 mg/dl, sin importar si hay o no hay cetosis.
• Ingerir carbohidratos si los niveles de glucosa son < 100 mg/dl
2. Monitoria de la glucosa sanguínea antes y después del ejercicio
• Identificar cuándo son necesarios cambios en la ingesta de alimentos o de insulina.
• Aprender cuál es la respuesta glicémica ante diferentes condiciones de ejercicio.
3. Ingesta de alimentos
• Consumir carbohidratos cuando sea necesario para evitar una hipoglicemia
• Alimentos cuya base sean los carbohidratos deben estar fácilmente disponibles durante y al
finalizar el ejercicio.
Como la diabetes se relaciona con un aumento en el riesgo de una enfermedad macrovascular,
se debe evaluar el papel benéfico del ejercicio en el mejoramiento de factores de riesgo conocidos para
la aterosclerosis. Esto es particularmente cierto ya que el ejercicio logra mejorar el perfil lipoprotéico,
reduce la presión sanguínea y mejorar la condición física cardiovascular. Sin embargo, se tienen que
mencionar que muchos estudios han fallado en demostrar un efecto independiente del ejercicio en el
mejoramiento del control glicémico, evaluado mediante HbA1c en pacientes con diabetes de Tipo 1. Es
más, estos estudios han sido muy importantes para cambiar el enfoque del ejercicio en pacientes con
diabetes de un control de la glucosa a una importante modificación del comportamiento con múltiples
beneficios. El reto es desarrollar estrategias que le permitan a los individuos con diabetes de Tipo 1
participar en las actividades consistentes con su estilo de vida y cultura de una manera segura y alegre.
En general, los principios recomendados para manejar el ejercicio en adultos con diabetes de
Tipo 1, libres de complicaciones, también aplican a los niños, con la salvedad de que los niños pueden
ser propensos a una mayor variabilidad en los niveles de glucosa sanguínea. En los niños, se necesita
poner particular atención a cómo mantener el control glicémico en las condiciones normales de juego, y
para ello puede que se requiera la colaboración de los padres, maestros, y entrenadores. En el caso de
los adolescentes, los cambios hormonales pueden contribuir para dificultar el control de los niveles de
glucosa sanguínea. A pesar de estos problemas, queda claro que con instrucciones adecuadas en el
manejo personal y el tratamiento de la hipoglicemia, el ejercicio puede ser una experiencia segura y
reconfortante para una gran mayoría de niños y adolescentes con diabetes mellitus dependientes de
insulina.
EJERCICIO EN LOS ADULTOS MAYORES
Existe un cúmulo de evidencia que sugiere que la pérdida progresiva en la condición física, la
masa muscular y la fuerza que acompañan el proceso de envejecimiento es prevenible si se realiza
ejercicio físico regularmente. La reducción a la sensibilidad a la insulina con el envejecimiento también
se debe en parte a la falta de actividad física. La población en riesgo de diabetes de Tipo 2 es más
susceptible a tener bajos niveles de actividad física. Cierto número de estudios recientes acerca del
entrenamiento físico han incluido números significativos de adultos mayores. Estos paciente han
respondido bien al entrenamiento y a las respuestas metabólicas, a los niveles de adherencia al menos
como el resto de la población en general y a una aceptable incidencia de complicaciones. Pareciera que
manteniendo mejores niveles de condición física en esta población llevará a que existan menos
enfermedades vasculares crónicas y a que mejoren la calidad de vida.
CONCLUSIONES
El reciente reporte del Cirujano General (Ministro de Salud de los Estados Unidos) sobre la
Actividad Física y la Salud subestima el papel que juega la actividad física en la promoción de la salud
y la prevención de enfermedades. Recomienda que los individuos acumulen 30 minutos de actividad física moderada la mayoría de los días de las semana. En el contexto de la diabetes, se está volviendo
cada vez más claro que la epidemia de diabetes de Tipo 2 que aniquila al mundo se asocia con niveles
disminuidos de actividad física y un incremento en la prevalencia de obesidad. De esta forma, la
importancia de la promoción de la actividad física es un componente vital para la prevención, así como
para el manejo de la diabetes de Tipo 2 tiene que ser vista como de una alta prioridad. Debe también
reconocerse que el beneficio del ejercicio en mejorar las anormalidades metabólicas que ocurren en la
diabetes de tipo 2 es probablemente mayor cuando se utiliza tempranamente en su progresión desde la
resistencia a la insulina a la disminución de la tolerancia a la glucosa, manifestada por hiperglicemia,
requiriendo tratamiento con agentes orales y finalmente a insulina.
Para las personas con diabetes de Tipo 1, el énfasis tiene que estar en el ajuste del régimen
terapéutico para permitir una participación segura en todas las formas de actividad física consistentes
con los deseos de un individuo y sus metas. Por último, todos los pacientes con diabetes deben tener la
oportunidad de obtener beneficios de los muchos efectos valiosos del ejercicio.
por Joaquín García